martes, 26 de junio de 2018

CONTAR HISTORIAS

Tp060618 Prensa RUMBO NUEVOResultado de imagen para tucìdides GuerrA DEL pELOPONESO LIBRO
TRANSPARENCIA
POLÌTICA
Erwin Macario

Por la prensa 

ni a los historiadores que mezclan
las poesías en sus historias, y procuran
antes decir cosas deleitables y apacibles
a los oídos del que escucha que verdaderas.
Tucídides Guerra del Peloponeso

La palabra, en el aire mágmico de los pasados días, por el calentamiento político y la percepción térmica agobiante —agravados por la crisis monetaria— me cayó de golpe, casi me insola. Y me calló un instante, que aproveché para  reflexionar sobre la prensa y su papel.
Y me llevó a pensar y buscar al primer cronista  de la historia, Tucídides, quien dejó su gran crónica, La guerra del Peloponeso, que escribió desde los dos frentes de una guerra que dividió a Grecia. Tinta pareja, decimos ahora en Rumbo Nuevo. Espacio para todos.
Los dos ejércitos griegos, el  los peloponesios y el de los atenienses, hubieran preferido del gran stratego Tucídides, los edulcorados comentarios de las plumas de algunos periodistas que, hoy, acostumbran decir cosas “deleitables y apacibles” a los oídos de los políticos, en detrimento de los que recuerdan al César que es humano: Caesar tu es homo. O mejor, como le decía su esclavo: Respice post te, hominem te esse memento". Más o menos: mira hacia atrás y recuerda que sólo eres un hombre.
En el libro de Tucídides, que uso para colocar el epígrafe de hoy, se lee: Mas el que quisiere examinar las conjeturas que yo he traído, en lo que arriba he dicho, no podrá errar por modo alguno. No dará crédito del todo a los poetas que, por sus ficciones, hacen las cosas más grandes de lo queson, ni a los historiadores que mezclan las poesías en sus historias, y procuran antes decir cosas deleitables y apacibles a los oídos del que escucha que verdaderas.
 De aquí  prosigue el texto— que la mayor parte de lo que cuentan en sus historias, por no estribar en argumentos e indicios verdaderos, andando el tiempo viene a ser tenido y reputado por fabuloso e incierto. Lo que arriba he dicho está tan averiguado y con tan buenos indicios y argumentos, que se tendrá por verdadero.
A los actuales reporteros de guerra les acostumbramos ver en un sólo frente. Así vemos, también, reporteros y cronistas políticos, en su mayoría. La guerra y la política se parecen. Las dos usan mucho —por no decir se basan en— el arte del engaño. Los corresponsales de guerra, en la actualidad,  ven sólo un lado de la contienda. Quizá no podrían estar un tiempo cubriendo desde un bando y otro tiempo en el bando enemigo. A la política traslapan esta práctica de guerra. A veces se renuncia al oficio informativo para entrar al quehacer propagandístico. Y el boletín sustituye a la nota. El comunicado político, a la noticia. Algunos hasta los firman.
En la guerra, como en la política, los responsables no mueren en ellas ni pagan el sufrimiento del hambre y la miseria que acarrea aquella; el desempleo, ostracismo y a veces odio que, ésta, genera al bando perdedor.
Antes, la guerra y la paz dependían de los monarcas y la iglesia. Ahora, en la guerra y en la política, son los dueños del dinero los que mandan y los que quieren mantener sus reglas cuando la tinta no es pareja.
En la Guerra del Peloponeso, Tucídides da prioridad en su relato, en “el reporte de lo sucedido”, a las alianzas que los contendientes buscan y deja constancia, como en la actual sucesión, de la forma como los amigos se tornan enemigos, al igual que vemos en este proceso electoral convertirse a los compañeros de un partido en adversarios desde otros. 
Aparte de relatar sucesos, se documenta la palabra, discursos, arengas. El libro hoy recurrido, pese a que parece de cansada lectura, es recomendable. Vea si no:
Discurso de los mitilenios en la junta de los confederados de Grecia. “Varones lacedemonios, y vosotros, aliados y confederados: bien sabemos que es costumbre, admitida entre los griegos como justa y legítima, que los que en tiempo de guerra se rebelan contra los aliados y se pasan a los contrarios, los que los reciben les tratan bien tanto tiempo cuanto piensan que los rebelados les pueden ser útiles y provechosos; pero considerando después la traición que han hecho a sus primeros amigos, los tienen por ruines, y creen que serán peores en adelante. Sería esto razonable si las cosas fuesen iguales de parte de los que se rebelan como de aquellos de quienes se apartan.
Porque si son iguales en las fuerzas y aprestos de guerra, como lo son en consejo y amistad, no hay ocasión ninguna justa en que se deban rebelar y apartar unos de otros. Pero esto no sucede entre nosotros y los atenienses, según os mostraremos para no pareceros malos si nos apartamos en tiempo de guerra de aquellos que nos honraron en el de paz”.
En fin, sólo, quise recordar, en vísperas del llamado Día de la Libertad de Expresión, que las crónicas se hicieron para relatar sucesos. Las columnas son cosa aparte. Ahí tenemos mayor libertad de opinar.  Como lo hacemos. En la guerra y en la paz. Con tinta pareja, que es respeto y pluralidad.