domingo, 27 de septiembre de 2020

 HABLAR COMO AMLO

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TRANSPARENCIA

POLÍTICA

Erwin Macario

 

Tabasqueñismos (2)

 

Hay muchos que dicen:

«Yo soy tabasqueño y no

hablo como López Obrador».

Revista Algarabía 100214

 

El mero mero, el machuchón —el ahora “supremo gobierno”, como decía mi paisano de Tenosique, Teófilo Rodríguez, alias Chanchaque—, cuando era jefe de Gobierno del Distrito Federal adquirió una tonga de ejemplares del Vocabulario tabasqueño, para hacerse entender mejor.

El periodista Ignacio Almeida lo hace público en octubre de 2018, a través de la agencia Notimex: el libro, el hoy presidente electo, Andrés Manuel López Obrador lo obsequió a sus funcionarios a manera de que entendieran su tabasqueñismo, lo cual es una manera de preservarlo.

Los tabasqueños han perdido en gran parte su forma de hablar, un lenguaje que lo distingue de otras entidades al utilizar palabras con influencia maya o de otras lenguas indígenas, que se pierden porque los hablantes se avergüenzan de ellas, señala Erwin Macario Rodríguez, escritor y periodista, difunde Notimex.

En realidad, mientras unos intentan ser fifís y hacer que no saben ni han disfrutado nuestra mejor bebida, pero no se les olvida el meneíto, otros desconocen nuestros modismos o los conocen mal porque, ayer se dijo en este espacio de prensa, “cada hijo de buen vecino se considera facultado para hacer mangas y capirotes” con nuestro lenguaje.

Otros, como el que escribe, lamentamos el olvido de las palabras que formaban nuestra forma de hablar y de ser. Algunos por enfermedad profesional. “No uses palabras que no entienda toda la gente”, se recomienda a periodistas.

Y nos perdemos de explicar que “chanchaque” es un sancochado de carne con hueso, de res, ajo, cebolla, cebollín, chiles y pimienta, al que no se le pone lo que le da otro sabor a nuestro sabroso puchero: chayote, macal, yuca, camote, plátano…

Así, por falta de uso, se nos olvidan la mayoría de modismos tabasqueños, hasta que alguien, interesado como AMLO o el periodista Almeida, nos los hacen recordar; o cuando nos topamos con los muros de la ignorancia convertida en proyecto cultural en las benditas redes sociales, y dicen verdades a medias en la historia y destruyen nuestra habla.  

Es necesario, lo dije al amigo Almeida y a Notimex, “corregir los errores de quienes suben a las redes vocablos con significados que no corresponden al uso que se les da en Tabasco”. Y en eso andamos.

Reeditar el Vocabulario tabasqueño: colección de locuciones usadas actualmente en Tabasco cuyos significados no aparecen en ningún diccionario o, por lo pronto subirlo a las redes, sería una forma de contrarrestar tantas caballadas como las que se comentan.

Ya se ha dicho que, para la preservación de las expresiones tabasqueñas, escritores como Jorge Priego Martínez, han publicado Anecdotario Tabasqueño, y el periodista, Armando Pérez Chan, Anécdotas, Cuentos y Tradiciones del Folclor Porteño.

El Vocabulario hoy citado es obra, principalmente, de Jorge Priego y en ello colaboramos la cronista de Villahermosa Gabriela Gutiérrez Lomasto, Jorge Gómez Sánchez, Tilo Ledezma y Agenor González Valencia (ya fallecidos). Jorge y yo somos los sobrevivientes y la “andancia” del Covid nos impidió hacer otro equipo para agregar vocablos pendientes.

Por portales y sitios cibernéticos como DeTabascoSoy, con su sección de tabasqueñismos, y otros viajeros cibernautas, que hasta titulan sus recopilaciones como “diccionarios”, es que revistas como Algarabía intentan usar nuestro modo de ser y hablar “para balconear a tabasqueños”: Hay muchos que dicen: «Yo soy tabasqueño y no hablo como López Obrador». Y es que no todos los que nacimos y hemos vivido en Tabasco hablamos «gracioso»; pero este artículo se refiere a aquellos que, antes que dejar de tomar pozol, prefieren renunciar a la cerveza; a quienes comen caldo de gallina cuando la temperatura es de 38 °C a la sombra, y a las 6 de la tarde salen a tomar el fresco; y a quienes, cuando se ensucian la ropa, exclaman: «¡Ya me devané!»; a los que sólo comen «un bocaíto», y a los que les encanta el chicharrón con puerco, la manea y la tortilla de maíz nuevo. O sea, de los «chocos» de corazón.

Pero para quienes no nos avergonzamos de lo que somos, es bueno leer en esa revista: “Aprendí que cuando necesitamos que alguien dé vuelta a algo por nosotros, para dar instrucciones precisas de los movimientos necesarios hay que decir: «Víralo tantito; sí, así, cantéalo un poquito, como que jalas pa’llá y luego lo arrempujas». Mi padre también me enseñó una palabra que parece tener magia y con la que puedes hacer que todas las cosas tengan un mismo nombre: negocia. Es tan efectiva que no importa a qué te refieras, la otra persona entenderá”.

Como algunos no entenderán, va ejemplo: diantres, dejen de estar negociando ese negocio porque se van a negociar.

Tanto la revista Algarabía como Almeida y Notimex mostraron ser profesionales en el manejo de los modismos tabasqueños que citan y explican, no como sucede en “el proyecto” y otros muchos sitios donde repiten errores como “habladores” del habla tabasqueña.

Unos ejemplos. Explica Almeida: “guindar la hamaca” es colgar la hamaca; “aconcharse a la pared”, es recargarse a la pared u otro objeto; “dale un tatequieto” es calmar a alguien con un golpe leve.

Y DeTabascoSoy copia: Aconchar / Aconchá: Recargarse sobre algo o alguien. ¡Bien! En tanto, encuentro en De todo un poco, palabras chocas; aconchar: “Juntar, poner sobre algo. (ahi deja la escoba, aconchada en la pared)”. Mal: si se pone sobre algo se encarama, no se aconcha.

Y otro del mismo Detodounpoco, fuentes donde abrevia DeTabascoSoy: Guindar: colgar, amarrar algo sobre nivel del piso (oye jose, guida la hamaca, porque ya tengo sueño y me quiero acostar).

(Continuará) 

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